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Conocido este plato en Asturias como marmita, en la zona occidental de Cantabria como sorropotún, especialmente en el entorno de San Vicente de la Barquera, y en el País Vasco como marmitako, es un plato basado en el Thunnus alalunga (Albacora, atún blanco o bonito del norte), y cuyo origen se encuentra entre los pescadores de todas estas zonas costeras. Se trata de un guiso de bonito con patatas, cebolla, pimiento y tomate, principalmente, y aunque sea un guiso contundente (de cuchara), su consumo mayoritario se produce en el verano, que es cuando llegan a nuestras costas los bonitos. Por cierto, no hay que perderse el popular Concurso de Marmitas, que se celebran en el mes de julio, por las Fiestas de la Magdalena.

El origen da la marmita se encuentra en los barcos de pesca. Hace años, en el barco, el cocinero tenía a su disposición unos pocos ingredientes para preparar la comida, así que con pescado, unas patatas y poco más, era suficiente para mantener a la tripulación. Su nombre proviene de la palabra marmita, cazuela o caldereta que es el recipiente donde se preparaba el guiso a bordo. La receta original de la marmita de bonito, es con bonito (pues no faltaría más), patatas, cebolla, aceite y agua. A partir de aquí, hay quien le pone tomate, pimiento, ajos y todo lo que crea puede mejorar la receta.

En estas zonas antaño se hacían con nabos o con castañas, ya que las patatas no llegaron hasta el siglo XVI (su extensión en el siglo XIX), eran el rancho habitual en los barcos de pesca, usando aquellos peces de escaso valor comercial que hubiesen pescado antes de comer.

Otras marmitas muy especiales, si hay la suerte de encontrarlas, son la de salmón, de abadejo, de raya, la de golondro (esta me encanta a mi), y la muy señorial de langostinos.