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Gracias a Fernando Suárez Cue, buen amigo y colaborador de este Diario, descubrí que no hay que viajar a California para pasear por un tupido bosque de secuoyas. Solamente es necesario acercarse a Cabezón de la Sal, concretamente a las proximidades del Monte Corona, para quedarse pasmoso ante los 800 ejemplares de este árbol de talla tan increíble (algunos con pies de más de 1 metro y 36 metros de altura) que hacen que todo se quede pequeño. También, me enteré que pueden alcanzar alturas superiores a los 110 metros (para hacernos una idea, la Estatua de la Libertad mide 93 metros) y vivir más de 2.000 años, el doble que Matusalén.

Esta plantación de los años 40, que fue declarada Monumento Natural en el año 2003, es tan densa y cerrada que apenas deja llegar la luz al suelo. Con todo, lo que me ha resultado más extraordinario de las secuoyas es su manera de crecer: a partir de una raíz común, el tronco se divide en varios desde la base y éstos crecen de forma independiente, pero en el caso de ser dañado uno de ellos, los restantes le aportan savia. Quizá esa suerte de “gestión en equipo”, de “estar en red”, tan envidiable, sea el secreto de su longitud vertical y longevidad. Deben su exótico nombre a un jefe indio cheroqui que se llamaba Sequoyah. Este hombre comparó el nivel de desarrollo de su pueblo con el de los nuevos colonos y concluyó que su comunidad para prosperar necesitaba un lenguaje escrito. El reconocimiento de esa amplitud de mente dio lugar a que le homenajearan dando su nombre a las majestuosas coníferas.

Texto: Maiche Perela Beaumount

Foto: Valentín Orejas

Como ir: Salir de Llanes y tomar la A-8 dirección Santander y dejarla en la salida 249 para Cabezón de la Sal. Una vez en la rotonda de salida, tomar dirección a Comillas por la carretera CA-135, e ir despacio porque nos encontraremos con la entrada al bosque de secuoyas a unos 500 metros, a la izquierda.

Distancia desde Llanes: 49 kilómetros.